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La ciudad subterranea (Kaymaklı) en Turquia no es simplemente un sitio arqueológico; es un viaje al corazón de una comunidad que vivió, trabajó y oró en el subsuelo, dejando tras de sí un legado de ingenio y fe. Si decides aventurarte en sus oscuros corredores, te aseguramos que será una experiencia que llevarás contigo por siempre, un recuerdo imborrable de tu paso por Capadocia.
La ciudad subterránea (Kaymaklı) en Turquía es una de las más grandes y mejor conservadas. Se encuentra en la región de Nevşehir, a unos 15 kilómetros de la ciudad de Nevşehir. Esta ciudad fue excavada por los hititas alrededor del 3000 a.C., pero su uso principal fue durante los primeros tiempos del cristianismo. Los cristianos locales usaban estas ciudades para esconderse de las persecuciones romanas y, posteriormente, de las invasiones árabes.
Kaymaklı se extiende a una profundidad de hasta 85 metros y tiene un complejo sistema de túneles, salas y pozos. Los túneles eran utilizados para el transporte, la comunicación y la defensa. Las salas albergaban una variedad de propósitos, como viviendas, almacenes y lugares de culto. Los pozos se utilizaban para proporcionar agua a la ciudad y como vías de escape en caso de emergencia.
Visitar Kaymaklı es adentrarse en un mundo subterráneo fascinante que abarca ocho niveles, aunque solo cuatro de ellos están accesibles para el público. Estas cámaras subterráneas albergan establos, bodegas, salas de almacenamiento, iglesias y áreas de vida.
Sorprendentemente, a pesar de su ubicación subterránea, Kaymaklı cuenta con un impresionante sistema de ventilación. Los ingenieros de antaño diseñaron más de 100 pozos de aire, garantizando una constante circulación de oxígeno, incluso en los niveles más profundos.
Además, estas ciudades subterráneas no eran solo lugares de refugio; también servían como fortalezas. Esto se evidencia en las puertas de piedra masiva, algunas de las cuales pueden llegar a pesar hasta 500 kg, diseñadas para cerrarse desde el interior y proteger a sus habitantes de posibles invasiones.
Las ciudades subterráneas de Turquía en Capadocia, como Derinkuyu y Kaymakli, también tienen vínculos con la Ruta de la Seda. Estas ciudades, que podrían albergar a miles de personas, servían como refugios seguros contra posibles invasiones o amenazas. Dada la riqueza que transitaba por la Ruta de la Seda, estas ciudades podrían haber funcionado como depósitos seguros o incluso como escondites para mercaderes y sus valiosas mercancías.
Las ciudades subterráneas de Turquía, son una maravilla arquitectónica y testimonio del ingenio humano frente a la adversidad. Aunque estos intrincados laberintos subterráneos son ahora atracciones turísticas populares, en el pasado sirvieron como refugios vitales para las comunidades que habitaban la región. Pero, ¿Quiénes eran estas personas y por qué tenian la necesidad de vivir o esconderse bajo tierra?
Uno de los grupos más notables que buscó refugio en las ciudades subterráneas de Capadocia fueron los primeros cristianos. Durante los primeros siglos después de Cristo, enfrentaron persecuciones por parte del Imperio Romano. Estas ciudades ofrecían un lugar seguro donde podían practicar su fe en secreto, lejos de los ojos perspicaces de sus perseguidores. Además de servir como refugios, algunas de estas ciudades también albergaban iglesias y lugares de adoración.
A lo largo de los siglos, Anatolia fue un territorio codiciado y, a menudo, objeto de invasiones. Las ciudades subterráneas proporcionaban un refugio seguro contra invasiones de diversos grupos, desde los árabes hasta los mongoles. En momentos de peligro, los residentes podían retirarse a estas ciudades, bloquear los accesos con grandes piedras rodantes y sobrevivir durante meses gracias a los pozos de agua y las áreas de almacenamiento de alimentos.
El clima en Capadocia puede ser extremo, con veranos calurosos e inviernos fríos. Las ciudades subterráneas ofrecían un ambiente más constante y temperado, protegiendo a sus habitantes de las inclemencias del tiempo. Si bien muchas veces las ciudades subterráneas funcionaban como refugios en momentos de crisis, también se utilizaban en la vida cotidiana. Algunas áreas estaban dedicadas a la vinificación, la cría de animales y el almacenamiento de alimentos.
Estas ciudades eran verdaderas obras maestras de la ingeniería. Estaban equipadas con sistemas de ventilación, pozos de agua y áreas para animales y almacenamiento. Las más grandes, como Derinkuyu y Kaymakli, podrían albergar a miles de personas. Las ciudades estaban diseñadas con múltiples niveles, algunos de los cuales aún no se han excavado o explorado por completo.
Aunque la ciudad se extiende hasta ocho niveles bajo tierra, solo cuatro están actualmente accesibles al público. Esta limitación permite que los visitantes exploren de manera segura y cómoda una parte significativa del vasto laberinto subterráneo.
Aunque solo una parte de la ciudad es accesible, los visitantes pueden recorrer una sección representativa de este vasto laberinto. Uno de los elementos más llamativos son las enormes puertas de piedra, diseñadas para bloquear pasajes y proteger a los habitantes ante posibles invasores, un ejemplo notable de la ingeniería defensiva de la época.
En el primer nivel se encuentran los antiguos establos, situados estratégicamente para un acceso rápido. A lo largo de los diferentes niveles, se pueden observar bodegas y almacenes con tinajas incrustadas en el suelo, destinadas a conservar alimentos, vino y aceite, lo que evidencia una planificación detallada de la vida cotidiana.
El papel de la religión en la comunidad queda reflejado en las pequeñas capillas e iglesias construidas bajo tierra. Además, las salas de reunión funcionaban como espacios para encuentros sociales y ceremonias religiosas, lo que revela una vida comunitaria activa y espiritual.
Las cocinas, con chimeneas y hornos, muestran cómo se preparaban los alimentos. También se han encontrado talleres utilizados para oficios como la herrería y la alfarería, indicando la autosuficiencia y la diversidad económica de los habitantes subterráneos.
Uno de los aspectos más impresionantes es el avanzado sistema de ventilación. Pozos de aire y conductos fueron estratégicamente distribuidos para mantener un flujo constante de aire fresco en todos los niveles, un logro técnico notable dada la profundidad de la estructura.
La seguridad era una prioridad. La ciudad contaba con trampas, pasadizos secretos, puertas camufladas y salidas de emergencia diseñadas para facilitar el escape o confundir a los invasores. Además, los pozos de agua estaban estratégicamente ubicados para asegurar el abastecimiento durante un asedio prolongado.
La Ciudad Subterránea de Kaymaklı es una hazaña arquitectónica que muestra cómo sus habitantes vivieron bajo tierra con eficiencia y organización. Sin embargo, quienes sufren de claustrofobia deben considerar que el recorrido incluye pasillos estrechos y espacios reducidos, lo cual puede resultar desafiante. Aun así, para muchos, esta experiencia única es uno de los momentos más memorables de un viaje a Capadocia.
Sí, merece la pena visitar las ciudades subterráneas de Capadocia, pero no es una experiencia para todo el mundo. Es una de esas visitas que no se olvidan, no tanto por lo que ves, sino por lo que te hace sentir: asombro, respeto… y a veces, también incomodidad.
Capadocia es famosa por sus paisajes de otro planeta, sus chimeneas de hadas y sus globos al amanecer. Pero debajo de esa belleza surrealista, se esconde algo aún más impresionante: ciudades enteras excavadas bajo tierra, algunas con hasta ocho niveles de profundidad.
Entre las más conocidas están Derinkuyu y Kaymakli, y ambas te dejan con la boca abierta. Hay cocinas, bodegas, zonas comunes, respiraderos que funcionan con una precisión increíble… y todo hecho con herramientas rudimentarias.
Pero… ¿y si te agobia estar bajo tierra?
Es una pregunta válida. Los túneles son angostos, los techos bajos, y el aire —aunque ventilado— tiene un peso distinto. Si eres sensible a los espacios cerrados, hay momentos en que la experiencia puede volverse emocionalmente intensa.
No te sientes en un museo, te sientes en un escondite. Y eso, aunque fascinante, también puede tocar algo muy humano dentro de ti: el miedo, la vulnerabilidad, la admiración.
¿Entonces vale la pena?
Sí, si estás dispuesta a enfrentarte a una experiencia distinta, un poco incómoda pero profundamente significativa. Te conecta con la historia de resistencia y fe de quienes vivieron bajo tierra por necesidad.
Y si necesitas detenerte, respirar hondo y seguir más despacio… también está bien. Eso, en sí, forma parte del viaje.
Recuerdo el momento exacto. Estaba bajando por un túnel estrecho, agachada, con la espalda rozando el techo y las manos pegadas a la pared. Escuchaba las voces del grupo, pero de pronto todo me pareció lejano. Me detuve. Respiré hondo. Sentí que el pecho se me cerraba y una vocecita interna me dijo: “Sal de aquí”. No salí. Pero necesité un minuto de pausa para poder seguir.
Así fue mi visita a la ciudad subterránea de Kaymakli, Una experiencia que me marcó mucho más de lo que imaginé.
Yo ya sabía que íbamos a entrar a un lugar excavado bajo tierra, pero no me imaginaba la sensación física y emocional de estar ahí dentro. Era algo mucho más profundo: la memoria de una comunidad escondida, respirando con miedo pero sin rendirse.
La guía nos contaba cómo vivían allí durante semanas, cómo cocinaban sin que el humo saliera, cómo escondían las entradas, cómo bajaban el agua y mantenían el aire circulando. Y mientras escuchaba, miraba las paredes talladas, los pasadizos oscuros, los peldaños resbaladizos, y pensaba: ¿Cómo sobrevivían aquí?
En uno de esos niveles, justo antes de bajar más, fue cuando me abrumé. No lo cuento como algo negativo, sino como algo humano. Me faltó el aire, no por el oxígeno, sino por todo lo que estaba sintiendo.
Me apoyé contra la pared. Cerré los ojos. Respiré muy profundo. Y cuando los abrí, sentí algo distinto. No miedo, sino respeto. Una especie de reverencia por la fuerza de quienes habitaron ese lugar.
Cuando salí a la luz, me invadió una gratitud rara. Por el aire libre, por el sol, por la libertad. Y también por haber bajado allí. Por haber sentido el peso de esa historia no solo con la mente, sino con el cuerpo.
No fue una experiencia cómoda, pero sí profundamente necesaria. Y si tú también decides vivirla, mi consejo es: escúchate. Avanza a tu ritmo. Y si necesitas parar, hazlo. Porque a veces, las emociones más intensas son las que hacen que un lugar te acompañe para siempre.
Al visitar la ciudad subterránea de Kaymaklı en Turquía (Ciudad subterránea de Kaymaklı), es importante estar preparado para una experiencia única y desafiante. A lo largo de tu recorrido, te encontrarás con pasadizos estrechos donde será necesario agacharse o moverse con cuidado debido al espacio limitado.
La iluminación natural es prácticamente inexistente, pero hay luces artificiales que ayudan a guiar a los visitantes. Sin embargo, la falta de luz solar puede aumentar la sensación de encierro.Kaymaklı se extiende a varios niveles bajo tierra, y cuanto más desciendas, más intensa puede ser la sensación de aislamiento del mundo exterior. Aunque la ciudad cuenta con un ingenioso sistema de ventilación, en algunas áreas el aire puede parecer más denso, lo que puede intensificar las sensaciones de encierro.
La naturaleza laberíntica del lugar, sin señalizaciones obvias, puede llevar a algunos visitantes a sentirse desorientados, añadiendo un nivel extra de ansiedad. Si la visitas con amigos o familiares, es importante comunicar cualquier inquietud o condición relacionada con espacios cerrados, para que estén preparados y puedan brindarte apoyo si es necesario.Si en algún momento sientes ansiedad, busca un espacio más amplio o un área de descanso para relajarte y calmarte.
Derinkuyu y Kaymakli son las más visitadas y mejor conservadas. Ambas son enormes, con varios niveles subterráneos, pasajes secretos, y una historia fascinante que se remonta a miles de años.
Derinkuyu es más profunda (hasta 60 metros) y tiene espacios impresionantes como una iglesia subterránea. Kaymakli, aunque más baja, es más extensa y está organizada como una verdadera ciudad, con viviendas, cocinas y bodegas interconectadas.
Puedes llegar en coche de alquiler, taxi o en una excursión organizada. Derinkuyu está a unos 35 km de Göreme y Kaymakli a unos 20 km. El camino está bien señalizado y las carreteras son buenas.
La entrada general ronda los 300 liras turcas por persona (unos 9-10 € al cambio actual). Si tienes la Museum Pass Cappadocia, puedes entrar sin coste adicional. Algunas excursiones incluyen la entrada.
En promedio, entre 45 minutos y 1 hora para cada una, dependiendo del ritmo. Con guía se aprovecha mucho más porque entiendes lo que estás viendo. Si eres muy curioso, puedes quedarte fácilmente el doble.
Puedes ir por libre, pero se recomienda guía para no perderte detalles clave. Hay inscripciones, sistemas de defensa y estructuras que solo comprendes bien con contexto. Además, las leyendas locales son parte de la experiencia.
Habitaciones, túneles angostos, cocinas, almacenes, pozos de agua, chimeneas de ventilación, zonas de culto y trampas defensivas. Es como caminar por una ciudad escondida dentro de la tierra, cargada de historia.
Sí, es seguro. Están habilitadas para el turismo y supervisadas constantemente. Aun así, los túneles pueden ser estrechos y hay escaleras empinadas, por lo que hay que tener precaución y buen calzado.
No es recomendable para personas con claustrofobia, ya que algunos pasajes son muy estrechos. Tampoco es apta para quienes tienen problemas de movilidad, ya que hay muchas escaleras y desniveles sin accesibilidad adaptada.
A primera hora de la mañana, justo al abrir (sobre las 9:00), o después del mediodía, cuando los grupos de tours masivos ya han pasado. Entre semana también suele haber menos gente.
Sí, perfectamente. Están a solo 15 km de distancia entre ellas y puedes ver una por la mañana, almorzar por la zona y visitar la otra por la tarde. Ideal si quieres comparar estilos y estructuras.
Ropa ligera pero que cubra, buen calzado cerrado con suela antideslizante, una chaqueta (la temperatura dentro es fresca todo el año) y agua. Si vas por tu cuenta, una linterna puede darte un plus de explorador.
Sí, muchas. Las excursiones más completas combinan Derinkuyu o Kaymakli con el Valle de Ihlara, el monasterio de Selime, o incluso con Avanos y los talleres de cerámica. Son tours de día completo muy bien aprovechados.
Se usaban como refugio ante invasiones desde épocas hititas, y luego por comunidades cristianas. Algunas podían albergar miles de personas durante meses, con todo lo necesario para sobrevivir bajo tierra. Son un prodigio de ingeniería y supervivencia.
Sí, absolutamente. Aunque solo tengas unas horas, entrar en una ciudad subterránea te conecta con la historia más profunda —literalmente— de la región. Es una de las experiencias más únicas de Capadocia.
¿Te imaginas caminar por túneles que han protegido historias durante siglos? Las ciudades subterráneas de Capadocia son un viaje al corazón oculto de Turquía, donde el misterio y la historia se encuentran bajo tierra.
Recuerdo la sensación de descender por esos pasadizos estrechos: era como entrar a otro mundo. Antiguas habitaciones, bodegas y capillas talladas en la roca, que un día fueron refugio de civilizaciones enteras. Vivir esta experiencia me hizo valorar la fuerza y el ingenio humano como nunca antes.
Un consejo: lleva calzado cómodo y prepárate para dejarte sorprender. Las excursiones a las ciudades subterráneas en Capadocia no solo enseñan historia, ¡la hacen sentir en la piel!
Si decides elegir un tour por Capadocia, asegúrate de que incluya una visita a sus ciudades subterráneas. Son el alma secreta de la región, un laberinto de túneles e historia que no te puedes perder.
📍Verifica siempre que el tour incluya lo que más te atrae de Capadocia… ¡y prepárate para una aventura completa!
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